1 foto-MOLOTOV Y STALIN 2foto-STALIN Y MAXIMO GORKI
miércoles, 19 de junio de 2013
martes, 18 de junio de 2013
PARTIDO COMUNISTA DE MÉXICO MARXISTA-LENINISTA LO SUCEDIDO EN LOS ULTIMOS DIAS EN TURQUIA
Sobre el desarrollo de los últimos acontecimientos en Turquía
JUNIO 17, 2013
¿Cómo podemos interpretar las constantes y masivas manifestaciones que se han generalizado desde la semana pasada? ¿Es la primavera turca? ¿Una conmoción pública? ¿O un intento de golpe iniciado por los nacionalistas?
Para hacer una interpretación realista, hay que tener en cuenta los últimos incidentes políticos en Turquía, ya que no son sólo una chispa que ha encendido el fuego.
El gobierno del AKP, el aliado más leal de los EE.UU. y el imperialismo occidental en Oriente Medio, un actor importante de la iniciativa de la construcción del “Gran Medio Oriente”, el ejecutor más devoto de las políticas neoliberales que han provocado amplias protestas durante años.
Las políticas como la eliminación de la propiedad pública para entregarla a las multinacionales y magnates locales, los despidos masivos, la reorganización de la vida laboral en contra de los obreros y funcionarios, la externalización, la represión sindical, la restricción de los derechos sociales, los bajos salarios, el incremento de la explotación de los trabajadores en nombre de un mayor rendimiento y la competitividad, etc. han generado protestas locales cada día en fábricas e instituciones.
Por otro lado, la ignorancia de la cuestión kurda y las políticas de asimilación nacional-cultural de los kurdos unido a las detenciones masivas, provocaron repercusiones de gran importancia.
La burguesía urbana y cosmopolita está molesta también por el aumento de la presencia religiosa en la vida pública y las declaraciones del gobierno conservador del AKP. Se han sucedido distintas medidas en este sentido como la instauración de la educación religiosa obligatoria en las escuelas secundarias, la reorganización del sistema educativo de acuerdo a los requerimientos religiosos, el aumento en el número de escuelas religiosas, la creación de un Ministerio de Asuntos Religiosos, que emplea a un gran ejército de clérigos, las restricciones para fumar y para la venta de bebidas alcohólicas, o la reposición los cuadros burocráticos con sectores religiosos pro-AKP.
El AKP, mediante la creación de altas tasas de interés y la venta del patrimonio público al capital extranjero a precios muy bajos, a condición de un flujo de dinero fácil, trató de atraer el capital a Turquía evitando su desvío hacia Oriente Medio o a los bancos y las compañías occidentales . Así que el gobierno del AKP ha sido más exitoso incluso que Europa y EE.UU. en sobrevivir a la crisis económica mundial.
Pero, últimamente, el flujo de dinero fácil del exterior ha disminuido. El AKP ha tratado de evitar la difícil situación económica mediante la implementación de una campaña de construcción de la llamada “transformación urbana”. Las áreas más valiosas en las grandes ciudades fueron expropiadas, estructuras de varios pisos se han edificado en terrenos públicos y se han vendido por precios extremos. Esto está generando un aumento de los problemas de tráfico, la destrucción de las zonas verdes y las políticas caciquiles con las que los seguidores del AKP llenan sus bolsillos. Con este contexto se estaba incubando ya un descontento generalizado.
La política siria del gobierno del AKP ha producido una gran insatisfacción. El apoyo económico a las organizaciones y grupos islámicos radicales y el permiso para que estos grupos se desplieguen en la frontera con Siria ha desencadenado otros muchos problemas. Los islamistas radicales se han convertido en una amenaza para la mayoría alauita en la frontera turca con Siria. Albergar a estos islamistas radicales ha provocado el deterioro del comercio y la economía de la zona en general. El cierre de empresas y el desempleo ha aumentado de forma alarmante. Además, los efectos negativos de los 5 millones de dólares gastados en los opositores de Siria han salido a la luz.
En estas circunstancias, el Primer Ministro Erdoğan anunció que se construiría un centro comercial en el parque de Taksim. El centro comercial se construiría como un cuartel, imitando un cuartel de artillería de la revolución burguesa de 1908, conocido como el cuartel general de las fuerzas reaccionarias, y el centro de la insurrección. El gobierno de AKP pretende resucitar el imaginario de la sublevación reaccionaria y sobreponerlo a la Revolución de 1908. Una parte importante de la población así lo entendió, como un plan urbanístico con un profundo carácter reaccionario. Pero además, sectores ecologistas de Taksim también elevaron sus quejas por el hecho de que casi ningún espacio verde quedaría con el centro comercial. La intención de Erdogan para cambiar el paisaje de la ciudad sin el consentimiento de la mayoría abrió el camino a un levantamiento contra sus políticas dictatoriales.
En el Parque Gezi de Taksim, comenzó la resistencia. Las máquinas entraron en acción para realizar la demolición, lo que atrajo a miles de personas al Parque Gezi de Taksim. Ya en la madrugada, después de que la masa principal de gente había salido del parque, las fuerzas de la policía atacaron a un grupo pequeño que dormía en tiendas de campaña. La policía quemó las tiendas, los activistas fueron golpeados y rociados con gas pimienta.
Hace un mes, en la manifestación del 1 de mayo en Taksim el gobierno del AKP prohibió el acceso en una distancia de veinte millas y el transporte público que da acceso a la zona se ordenó que quedara paralizado, cortaron el acceso a las partes de asiática y europea de la ciudad durante todo el día, y los manifestantes fueron sometidos a la agresión, el gas pimienta y los cañones de agua. Las precauciones tomadas por el gobierno del AKP han perjudicado a todas las personas de Estambul y también a los turistas.
Ahora, de nuevo, se utiliza el mismo método para terminar con la lucha en el Parque Gezi de Taksim. Este último ataque, ha exasperado a un amplio sector de las masas y decenas de miles de personas se dirigieron a Taksim. Al término de la jornada laboral, el número de personas en la plaza Taksim alcanzó las cien mil. Los cañones de agua y el gas fueron los protagonistas de la acción policial. A pesar de la censura promovida por los medios de comunicación burgueses, gracias a los esfuerzos de los medios de comunicación social y algunos órganos de expresión revolucionarios y democráticos, los acontecimientos han trascendido a la opinión pública. Las acciones se extendieron a Ankara e Izmir. Las personas no abandonan las calles hasta la noche. En Izmir, Ankara y Estambul, los enfrentamientos entre la policía y los activistas fueron realmente duros. Se levantaron barricadas. Durante los enfrentamientos, algunos jóvenes han muerto en Ankara, Estambul y la ciudad de Hatay. Decenas de miles de personas han resultado heridas y han sido arrestadas. El responsable de la organización juvenil de nuestro Partido en Ankara también ha sido gravemente herido y detenido.
Muchos de los manifestantes eran jóvenes y mujeres. Las hinchadas de los equipos de fútbol también participaron de las manifestaciones dejando a un lado las rivalidades entre los diferentes equipos. Uno de los lemas más utilizados de las protestas era “Gobierno Dimisión”. Las masas que participaron de las manifestaciones eran a menudo gente que no pertenecía a ninguna organización política.
Nuestro partido, todos los partidos revolucionarios y democráticos, ecologistas, colegios de médicos, de ingenieros y de arquitectos, los sindicatos de trabajadores del sector público, los alauitas, los intelectuales y los artistas, abogados, grupos nacionalistas, etc. Todos los sectores laicos que están de acuerdo en que el gobierno del AKP poco a poco fue construyendo un sistema legal religioso.
Nuestro Partido, participando de las manifestaciones con todos sus cuadro y organizaciones, trató de atraer a la masa trabajadora, los proletarios y los sindicatos hacia la acción. Asegurando la formación en los instrumentos legales de las acciones y para perfeccionar los objetivos.
Así, se convocaron protestas para la solución democrática y popular de la cuestión kurda, la supresión de las restricciones a la libertad de prensa, de expresión y de asociación; por los derechos la minoría aleví; para la devolución de los derechos usurpados a la clase obrera y otros trabajadores; la eliminación del umbral mínimo para la representación parlamentaria; para determinar y sancionar a los responsables de las masacres como las de Roboski y Reyhanli; impidiendo a la policía el uso del gas pimienta sobre los manifestantes; por la prohibición de la destrucción de las ciudades, la prohibición de la destrucción de los espacios verdes en alquiler y el fin de la tala de sus árboles. Se llamaba a la huelga general y la resistencia.
Se convocó a la gente a organizarse y luchar. Hoy, Sindicato de los Trabajadores del Sector Público (KESK) y la Confederación de Sindicatos Revolucionarios están desarrollando una huelga general. Los acontecimientos en Turquía esta semana tienen aspectos similares y también diferentes de los procesos vividos en Túnez, Egipto y otros países árabes. Las similitudes son: amplias masas diciendo “ya basta” llenando las calles con ganas de luchar. Las diferencias son el nivel de organización de las masas y las reivindicaciones. Durante los últimos cinco años, acciones similares se llevaron a cabo no sólo en los países árabes o en Turquía, también en países europeos como Grecia, Italia, Portugal, España, Francia e Inglaterra, y en algunos países de América Latina. Vemos que el fondo común en todos estos procesos son las masas en rebelión contra la represión y la explotación del capitalismo.
Y creemos evidente que la gente en rebelión contra la clase dominante por sus propios derechos y por la libertad se fortalecerán con la solidaridad internacional y la unidad.”
Partido del Trabajo (EMEP)
Turquía
4 de junio 2013
www.emep.org
Total solidaridad con nuestros compañeros francesces por su dura tragedia antifasicctas pero esto no se quedara impune somos hermanos & hermanas de nuestro ideales libertarios . en nuestra memorias siempre vivieras compañeros & hermano desde el sur de colombia RASH Solidary
Miércoles, 05 de junio 2013, dejando a una tienda de ropa cerca de la unión Clemente joven Meric Gare Saint-Lazare, 18 y activista antifascista fue golpeado hasta la muerte por miembros de la extrema derecha radical edad. Proviene de Brest a sus estudios en Ciencias Políticas, fue víctima del contexto de la extrema derecha que se ha desarrollado en los últimos meses la violencia. Murió de sus heridas en la noche en la Pitié-Salpêtrière. En Francia, los cobardes ataques de activistas de derecha radicales están aumentando y alcanzaron su apogeo hoy con el asesinato de nuestro compañero Clemente fascista. Quebec, por desgracia, no está a salvo de la violencia fascista. Varios grupos están activos aquí y allá. Aunque en menor escala, su actividad no es aceptable y aún odio. Ya sea en París o Montreal, el fascismo es la Gangraine contra la que debemos oponernos a un convencido y convincente fuerza, así como la solidaridad incondicional y que, más allá de las fronteras. Por eso nos reunimos Jueves, 06 de junio a las 17h en el consulado de Francia.
LA LUCHA ENTRE EL CAPITAL Y EL TRABAJO, Y SUS RESULTADOS
LA LUCHA ENTRE EL CAPITAL Y EL TRABAJO, Y SUS RESULTADOS
Clásicos: Salario, precio y ganancia (K.Marx) 17 junio, 2013 Very Poor
LA LUCHA ENTRE EL CAPITAL Y EL TRABAJO, Y SUS RESULTADOS
1. Después de demostrar que la resistencia periódica que los obreros oponen a la rebaja de sus salarios y sus intentos periódicos por conseguir una subida de salarios, son fenómenos inseparables del sistema del trabajo asalariado y responden precisamente al hecho de que el trabajo se halla equiparado a las mercancías y, por tanto, sometido a las leyes que regulan el movimiento general de los precios; habiendo demostrado, asimismo, que una subida general de salarios se traduciría en la disminución de la cuota general de ganancia, pero sin afectar a los precios medios de las mercancías, ni a sus valores, surge ahora por fin el problema de saber hasta qué punto, en la lucha incesante entre el capital y el trabajo, tiene éste perspectivas de éxito.
Podría contestar con una generalización, diciendo que el precio del trabajo en el mercado, al igual que el de las demás mercancías, tiene que adaptarse, con el transcurso del tiempo, a su valor ; que, por tanto, pese a todas sus alzas y bajas y a todo lo que el obrero puede hacer, éste acabará obteniendo solamente, por término medio, el valor de su trabajo que se reduce al valor de su fuerza de trabajo; la cual, a su vez, se halla determinada por el valor de los medios de sustento necesarios para su manutención y reproducción, valor que está regulado en último término por la cantidad de trabajo necesaria para producirlos.
Pero hay ciertos rasgos peculiares que distinguen el valor de la fuerza de trabajo o el valor del trabajo de los valores de todas las demás mercancías. El valor de la fuerza de trabajo está formado por dos elementos, uno de los cuales es puramente físico, mientras que el otro tiene un carácter histórico o social. Su límite mínimo está determinado por el elemento físico ; es decir, que para poder mantenerse y reproducirse, para poder perpetuar su existencia física, la clase obrera tiene que obtener los artículos de primera necesidad absolutamente indispensables para vivir y multiplicarse. El valor de estos medios de sustento indispensables constituye, pues, el límite mínimo del valor del trabajo. Por otra parte, la extensión de la jornada de trabajo tiene también sus límites extremos, aunque sean muy elásticos. Su límite máximo lo traza la fuerza física del obrero. Si el agotamiento diario de sus energías vitales rebasa un cierto grado, no podrá desplegarlas de nuevo día tras día. Pero, como dije, este límite es muy elástico. Una sucesión rápida de generaciones raquíticas y de vida corta abastecería el mercado de trabajo exactamente lo mismo que una serie de generaciones vigorosas y de vida larga.
Además de este elemento puramente físico, en la determinación del valor del trabajo entra el nivel de vida tradicional en cada país. No se trata solamente de la vida física, sino de la satisfacción de ciertas necesidades, que brotan de las condiciones sociales en que viven y se educan los hombres. El nivel de vida inglés podría descender hasta el grado del irlandés, y el nivel de vida de un campesino alemán hasta el de un campesino livonio. La importancia del papel que a este respecto desempeñan la tradición histórica y la costumbre social, puede verse en el libro de Mr. Thornton sobre la Superpoblación, donde se demuestra que en distintas regiones agrícolas de Inglaterra los jornales medios siguen todavía hoy siendo distintos, según las condiciones más o menos favorables en que esas regiones se redimieron de la servidumbre.
Este elemento histórico o social que entra en el valor del trabajo puede dilatarse o contraerse, e incluso extinguirse del todo, de tal modo que sólo quede en pie el límite físico. Durante la guerra antijacobina — que, como solía decir el incorregible beneficiario de impuestos y prebendas, el viejo George Rose, se emprendió para que los descreídos france ses no destruyeran los consuelos de nuestra santa religión –, los honorables hacendados ingleses, a los que tratamos con tanta suavidad en una de nuestras sesiones anteriores, redujeron los jornales de los obreros del campo hasta por debajo de aquel mínimo estrictamente físico, completando la diferencia indispensable para asegurar la perpetuación física de la raza, mediante las Leyes de Pobres. Era un método glorioso para convertir al obrero asalariado en esclavo, y al orgulloso yeoman de Shakespeare en indigente.
Si comparáis los salarios o valores del trabajo normales en distintos países y en distintas épocas históricas dentro del mismo país, veréis que el valor del trabajo no es, por sí mismo, una magnitud constante, sino variable, aun suponiendo que los valores de las demás mercancías permanezcan fijos.
Una comparación similar demostraría que no varían solamente las cuotas de ganancia en el mercado, sino también sus cuotas medias.
Por lo que se refiere a la ganancia, no existe ninguna ley que le trace un mínimo. No puede decirse cuál es el límite extremo de su baja. ¿Y por qué no podemos fijar este límite? Porque si podemos fijar el salario mínimo, no podemos, en cambio, fijar el salario máximo. Lo único que podemos decir es que, dados los límites de la jornada de trabajo, el máximo de ganancia corresponde al mínimo físico del salario, y que, partiendo de salarios dados, el máximo de ganancia corresponde a la prolongación de la jornada de trabajo, en la medida en que sea compatible con las fuerzas físicas del obrero. Por tanto, el máximo de ganancia se halla limitado por el mínimo físico del salario y por el máximo físico de la jornada de trabajo. Es evidente que, entre los dos límites de esta cuota de ganancia máxima, cabe una escala inmensa de variantes. La determinación de su grado efectivo se dirime exclusivamente por la lucha incesante entre el capital y el trabajo; el capitalista pugna constantemente por reducir los salarios a su mínimo físico y prolongar la jornada de trabajo hasta su máximo físico, mientras que el obrero presiona constantemente en el sentido contrario.
El problema se reduce, por tanto, al problema de las fuerzas respectivas de los contendientes.
2. Por lo que atañe a la limitación de la jornada de trabajo, lo mismo en Inglaterra que en los demás países, nunca se ha reglamentado sino por ingerencia legislativa. Sin la constante presión de los obreros desde fuera, la ley jamás habría intervenido. En todo caso, este resultado no podía alcanzarse mediante convenios privados entre los obreros y los capitalistas. Esta necesidad de una acción política general es precisamente la que demuestra que, en el terreno puramente económico de lucha, el capital es la parte más fuerte.
En cuanto a los límites del valor del trabajo, su fijación efectiva depende siempre de la oferta y la demanda, refiriéndome a la demanda de trabajo por parte del capital y a la oferta de trabajo por los obreros. En los países coloniales, la ley de la oferta y la demanda favorece a los obreros. De aquí el nivel relativamente alto de los salarios en los Estados Unidos. En estos países, haga lo que haga el capital, no puede evítar que el mercado de trabajo esté constantemente desabastecido por la constante transformación de los obreros asalariados en labradores independientes, con fuentes propias de subsistencia. Para gran parte de la población norteamericana, la posición de obrero asalariado no es más que una estación de tránsito, que está segura de abandonar al cabo de un tiempo más o menos largo. Para remediar este estado colonial de cosas, el paternal gobierno británico ha adoptado hace algún tiempo la llamada moderna teoría de la colonización, que consiste en fijar a los terrenos coloniales un precio artificialmente alto, para, de este modo, impedir la transformación demasiado rápida del obrero asalariado en labrador independiente.
Pero, pasemos ahora a los viejos países civilizados, en que el capital domina todo el proceso de producción. Fijémonos, por ejemplo, en la subida de los jornales de los obreros agrícolas en Inglaterra, de 1849 a 1859. ¿Cuáles fueron sus consecuencias? Los agricultores no pudieron subir el valor del trigo, como les habría aconsejado nuestro amigo Weston, ni siquiera su precio en el mercado. Por el contrario, tuvieron que resignarse a verlo bajar. Pero, durante estos once años, introdujeron máquinas de todas clases y aplicaron métodos más científicos, transformaron una parte de las tierras de labor en pastizales, aumentaron la extensión de sus granjas, y con ella la escala de la producción; y de este modo, haciendo disminuir por estos y por otros medios la demanda de trabajo gracias al aumento de sus fuerzas productivas, volvieron a crear una superpoblación relativa en el campo. Tal es el método general con que opera el capital en los países poblados de antiguo, para reaccionar, más rápida o más lentamente, contra las subidas de salarios. Ricardo ha observado acertadamente que la máquina está en continua competencia con el trabajo, y con harta frecuencia sólo puede introducirse cuando el precio del trabajo sube hasta cierto límite; pero la aplicación de maquinaria no es más que uno de los muchos métodos empleados para aumentar las fuerzas productivas del trabajo. Este mismo proceso de desarrollo, que deja relativamente sobrante el trabajo simple, simplifica por otra parte el trabajo calificado, y por tanto, lo deprecia.
La misma ley se impone, además, bajo otra forma. Con el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo, se acelera la acumulación del capital, aun en el caso de que el tipo de salarios sea relativamente alto. De aquí podría inferirse, como lo hizo Adam Smith, en cuyos tiempos la industria moderna estaba aún en su infancia, que la acumulación acelerada del capital tiene que inclinar la balanza a favor del obrero, por cuanto asegura una demanda creciente de su trabajo. Situándose en el mismo punto de vista, muchos autores contemporáneos se asombran de que, a pesar de haber crecido en los últimos veinte años el capital inglés mucho más rápidamente que la población inglesa, los salarios no hayan experimentado un aumento mayor. Pero es que, simultáneamente con la acumulación progresiva, se opera un cambio progresivo en cuanto a la composición del capital. La parte del capital global formada por capital fijo: maquinaria, materias primas, medios de producción de todo género, crece con mayor rapidez que la parte destinada a salarios, o sea a comprar trabajo. Esta ley ha sido puesta de manifiesto, bajo una forma más o menos precisa, por Mr. Barton, Ricardo, Sismondi, el profesor Richard Jones, el profesor Ramsay, Cherbuliez y otros.
Si la proporción entre estos dos elementos del capital era originariamente de 1 : 1, al desarrollarse la industria será de 5 : 1, y así sucesivamente. Si de un capital global de 600 se desembolsan 300 para instrumentos, materias primas, etc., y 300 para salarios, para que pueda absorber a 600 obreros en vez de 300, basta con doblar el capital global. Pero, si de un capital de 600 se invierten 500 en maquinaria, materiales, etc., y solamente 100 en salarios, para poder colocar a 600 obreros en vez de 300, este capital tiene que aumentar de 600 a 3.600. Por tanto, al desarrollarse la industria, la demanda de trabajo no avanza con el mismo ritmo que la acumulación del capital. Aumentará, pero aumentará en una proporción constantemente decreciente, comparándola con el incremento del capital.
Estas pocas indicaciones bastarán para poner de relieve que el propio desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero, y que, como consecuencia de esto, la tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el nivel medio de los salarios, sino, por el contrario, a hacerlo bajar, o sea, a empujar más o menos el valor del trabajo a su límite mínimo. Siendo tal la tendencia de las cosas en este sistema, ¿quiere esto decir que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra las usurpaciones del capital y cejar en sus esfuerzos para aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar temporalmente su situación? Si lo hiciese, veríase degradada en una masa uniforme de hombres desgraciados y quebrantados, sin salvación posible. Creo haber demostrado que las luchas de la clase obrera por el nivel de los salarios son episodios inseparables de todo el sistema del trabajo asalariado, que en el 99 por 100 de los casos sus esfuerzos por elevar los salarios no son más que esfuerzos dirigidos a mantener en pie el valor dado del trabajo, y que la necesidad de forcejar con el capitalista acerca de su precio va unida a la situación del obrero, que le obliga a venderse a sí mismo como una mercancía. Si en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura.
Al mismo tiempo, y aun prescindiendo por completo del esclavizamiento general que entraña el sistema del trabajo asalariado, la clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable lucha guerrillera, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de “¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!”, deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: “¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!”
Después de esta exposición larguísima y me temo que fatigosa, que he considerado indispensable para esclarecer un poco nuestro tema principal, voy a concluir, proponiendo la siguiente resolución:
1. Una subida general de los tipos de salarios acarrearía una baja de la cuota general de ganancia, pero no afectaría, en términos generales, a los precios de las mercancías.
2. La tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el promedio standard del salario, sino a reducirlo.
3. Las tradeuniones trabajan bien como centros de resistencia contra las usurpaciones del capital. Fracasan, en algunos casos, por usar poco inteligentemente su fuerza. Pero, en general, fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en vez de esforzarse, al mismo tiempo, por cambiarlo, en vez de emplear sus fuerzas organizadas como palanca para la emancipación final de la clase obrera; es decir, para la abolición definitiva del sistema del trabajo asalariado.
1. Después de demostrar que la resistencia periódica que los obreros oponen a la rebaja de sus salarios y sus intentos periódicos por conseguir una subida de salarios, son fenómenos inseparables del sistema del trabajo asalariado y responden precisamente al hecho de que el trabajo se halla equiparado a las mercancías y, por tanto, sometido a las leyes que regulan el movimiento general de los precios; habiendo demostrado, asimismo, que una subida general de salarios se traduciría en la disminución de la cuota general de ganancia, pero sin afectar a los precios medios de las mercancías, ni a sus valores, surge ahora por fin el problema de saber hasta qué punto, en la lucha incesante entre el capital y el trabajo, tiene éste perspectivas de éxito.
Podría contestar con una generalización, diciendo que el precio del trabajo en el mercado, al igual que el de las demás mercancías, tiene que adaptarse, con el transcurso del tiempo, a su valor ; que, por tanto, pese a todas sus alzas y bajas y a todo lo que el obrero puede hacer, éste acabará obteniendo solamente, por término medio, el valor de su trabajo que se reduce al valor de su fuerza de trabajo; la cual, a su vez, se halla determinada por el valor de los medios de sustento necesarios para su manutención y reproducción, valor que está regulado en último término por la cantidad de trabajo necesaria para producirlos.
Pero hay ciertos rasgos peculiares que distinguen el valor de la fuerza de trabajo o el valor del trabajo de los valores de todas las demás mercancías. El valor de la fuerza de trabajo está formado por dos elementos, uno de los cuales es puramente físico, mientras que el otro tiene un carácter histórico o social. Su límite mínimo está determinado por el elemento físico ; es decir, que para poder mantenerse y reproducirse, para poder perpetuar su existencia física, la clase obrera tiene que obtener los artículos de primera necesidad absolutamente indispensables para vivir y multiplicarse. El valor de estos medios de sustento indispensables constituye, pues, el límite mínimo del valor del trabajo. Por otra parte, la extensión de la jornada de trabajo tiene también sus límites extremos, aunque sean muy elásticos. Su límite máximo lo traza la fuerza física del obrero. Si el agotamiento diario de sus energías vitales rebasa un cierto grado, no podrá desplegarlas de nuevo día tras día. Pero, como dije, este límite es muy elástico. Una sucesión rápida de generaciones raquíticas y de vida corta abastecería el mercado de trabajo exactamente lo mismo que una serie de generaciones vigorosas y de vida larga.
Además de este elemento puramente físico, en la determinación del valor del trabajo entra el nivel de vida tradicional en cada país. No se trata solamente de la vida física, sino de la satisfacción de ciertas necesidades, que brotan de las condiciones sociales en que viven y se educan los hombres. El nivel de vida inglés podría descender hasta el grado del irlandés, y el nivel de vida de un campesino alemán hasta el de un campesino livonio. La importancia del papel que a este respecto desempeñan la tradición histórica y la costumbre social, puede verse en el libro de Mr. Thornton sobre la Superpoblación, donde se demuestra que en distintas regiones agrícolas de Inglaterra los jornales medios siguen todavía hoy siendo distintos, según las condiciones más o menos favorables en que esas regiones se redimieron de la servidumbre.
Este elemento histórico o social que entra en el valor del trabajo puede dilatarse o contraerse, e incluso extinguirse del todo, de tal modo que sólo quede en pie el límite físico. Durante la guerra antijacobina — que, como solía decir el incorregible beneficiario de impuestos y prebendas, el viejo George Rose, se emprendió para que los descreídos france ses no destruyeran los consuelos de nuestra santa religión –, los honorables hacendados ingleses, a los que tratamos con tanta suavidad en una de nuestras sesiones anteriores, redujeron los jornales de los obreros del campo hasta por debajo de aquel mínimo estrictamente físico, completando la diferencia indispensable para asegurar la perpetuación física de la raza, mediante las Leyes de Pobres. Era un método glorioso para convertir al obrero asalariado en esclavo, y al orgulloso yeoman de Shakespeare en indigente.
Si comparáis los salarios o valores del trabajo normales en distintos países y en distintas épocas históricas dentro del mismo país, veréis que el valor del trabajo no es, por sí mismo, una magnitud constante, sino variable, aun suponiendo que los valores de las demás mercancías permanezcan fijos.
Una comparación similar demostraría que no varían solamente las cuotas de ganancia en el mercado, sino también sus cuotas medias.
Por lo que se refiere a la ganancia, no existe ninguna ley que le trace un mínimo. No puede decirse cuál es el límite extremo de su baja. ¿Y por qué no podemos fijar este límite? Porque si podemos fijar el salario mínimo, no podemos, en cambio, fijar el salario máximo. Lo único que podemos decir es que, dados los límites de la jornada de trabajo, el máximo de ganancia corresponde al mínimo físico del salario, y que, partiendo de salarios dados, el máximo de ganancia corresponde a la prolongación de la jornada de trabajo, en la medida en que sea compatible con las fuerzas físicas del obrero. Por tanto, el máximo de ganancia se halla limitado por el mínimo físico del salario y por el máximo físico de la jornada de trabajo. Es evidente que, entre los dos límites de esta cuota de ganancia máxima, cabe una escala inmensa de variantes. La determinación de su grado efectivo se dirime exclusivamente por la lucha incesante entre el capital y el trabajo; el capitalista pugna constantemente por reducir los salarios a su mínimo físico y prolongar la jornada de trabajo hasta su máximo físico, mientras que el obrero presiona constantemente en el sentido contrario.
El problema se reduce, por tanto, al problema de las fuerzas respectivas de los contendientes.
2. Por lo que atañe a la limitación de la jornada de trabajo, lo mismo en Inglaterra que en los demás países, nunca se ha reglamentado sino por ingerencia legislativa. Sin la constante presión de los obreros desde fuera, la ley jamás habría intervenido. En todo caso, este resultado no podía alcanzarse mediante convenios privados entre los obreros y los capitalistas. Esta necesidad de una acción política general es precisamente la que demuestra que, en el terreno puramente económico de lucha, el capital es la parte más fuerte.
En cuanto a los límites del valor del trabajo, su fijación efectiva depende siempre de la oferta y la demanda, refiriéndome a la demanda de trabajo por parte del capital y a la oferta de trabajo por los obreros. En los países coloniales, la ley de la oferta y la demanda favorece a los obreros. De aquí el nivel relativamente alto de los salarios en los Estados Unidos. En estos países, haga lo que haga el capital, no puede evítar que el mercado de trabajo esté constantemente desabastecido por la constante transformación de los obreros asalariados en labradores independientes, con fuentes propias de subsistencia. Para gran parte de la población norteamericana, la posición de obrero asalariado no es más que una estación de tránsito, que está segura de abandonar al cabo de un tiempo más o menos largo. Para remediar este estado colonial de cosas, el paternal gobierno británico ha adoptado hace algún tiempo la llamada moderna teoría de la colonización, que consiste en fijar a los terrenos coloniales un precio artificialmente alto, para, de este modo, impedir la transformación demasiado rápida del obrero asalariado en labrador independiente.
Pero, pasemos ahora a los viejos países civilizados, en que el capital domina todo el proceso de producción. Fijémonos, por ejemplo, en la subida de los jornales de los obreros agrícolas en Inglaterra, de 1849 a 1859. ¿Cuáles fueron sus consecuencias? Los agricultores no pudieron subir el valor del trigo, como les habría aconsejado nuestro amigo Weston, ni siquiera su precio en el mercado. Por el contrario, tuvieron que resignarse a verlo bajar. Pero, durante estos once años, introdujeron máquinas de todas clases y aplicaron métodos más científicos, transformaron una parte de las tierras de labor en pastizales, aumentaron la extensión de sus granjas, y con ella la escala de la producción; y de este modo, haciendo disminuir por estos y por otros medios la demanda de trabajo gracias al aumento de sus fuerzas productivas, volvieron a crear una superpoblación relativa en el campo. Tal es el método general con que opera el capital en los países poblados de antiguo, para reaccionar, más rápida o más lentamente, contra las subidas de salarios. Ricardo ha observado acertadamente que la máquina está en continua competencia con el trabajo, y con harta frecuencia sólo puede introducirse cuando el precio del trabajo sube hasta cierto límite; pero la aplicación de maquinaria no es más que uno de los muchos métodos empleados para aumentar las fuerzas productivas del trabajo. Este mismo proceso de desarrollo, que deja relativamente sobrante el trabajo simple, simplifica por otra parte el trabajo calificado, y por tanto, lo deprecia.
La misma ley se impone, además, bajo otra forma. Con el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo, se acelera la acumulación del capital, aun en el caso de que el tipo de salarios sea relativamente alto. De aquí podría inferirse, como lo hizo Adam Smith, en cuyos tiempos la industria moderna estaba aún en su infancia, que la acumulación acelerada del capital tiene que inclinar la balanza a favor del obrero, por cuanto asegura una demanda creciente de su trabajo. Situándose en el mismo punto de vista, muchos autores contemporáneos se asombran de que, a pesar de haber crecido en los últimos veinte años el capital inglés mucho más rápidamente que la población inglesa, los salarios no hayan experimentado un aumento mayor. Pero es que, simultáneamente con la acumulación progresiva, se opera un cambio progresivo en cuanto a la composición del capital. La parte del capital global formada por capital fijo: maquinaria, materias primas, medios de producción de todo género, crece con mayor rapidez que la parte destinada a salarios, o sea a comprar trabajo. Esta ley ha sido puesta de manifiesto, bajo una forma más o menos precisa, por Mr. Barton, Ricardo, Sismondi, el profesor Richard Jones, el profesor Ramsay, Cherbuliez y otros.
Si la proporción entre estos dos elementos del capital era originariamente de 1 : 1, al desarrollarse la industria será de 5 : 1, y así sucesivamente. Si de un capital global de 600 se desembolsan 300 para instrumentos, materias primas, etc., y 300 para salarios, para que pueda absorber a 600 obreros en vez de 300, basta con doblar el capital global. Pero, si de un capital de 600 se invierten 500 en maquinaria, materiales, etc., y solamente 100 en salarios, para poder colocar a 600 obreros en vez de 300, este capital tiene que aumentar de 600 a 3.600. Por tanto, al desarrollarse la industria, la demanda de trabajo no avanza con el mismo ritmo que la acumulación del capital. Aumentará, pero aumentará en una proporción constantemente decreciente, comparándola con el incremento del capital.
Estas pocas indicaciones bastarán para poner de relieve que el propio desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero, y que, como consecuencia de esto, la tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el nivel medio de los salarios, sino, por el contrario, a hacerlo bajar, o sea, a empujar más o menos el valor del trabajo a su límite mínimo. Siendo tal la tendencia de las cosas en este sistema, ¿quiere esto decir que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra las usurpaciones del capital y cejar en sus esfuerzos para aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar temporalmente su situación? Si lo hiciese, veríase degradada en una masa uniforme de hombres desgraciados y quebrantados, sin salvación posible. Creo haber demostrado que las luchas de la clase obrera por el nivel de los salarios son episodios inseparables de todo el sistema del trabajo asalariado, que en el 99 por 100 de los casos sus esfuerzos por elevar los salarios no son más que esfuerzos dirigidos a mantener en pie el valor dado del trabajo, y que la necesidad de forcejar con el capitalista acerca de su precio va unida a la situación del obrero, que le obliga a venderse a sí mismo como una mercancía. Si en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura.
Al mismo tiempo, y aun prescindiendo por completo del esclavizamiento general que entraña el sistema del trabajo asalariado, la clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable lucha guerrillera, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de “¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!”, deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: “¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!”
Después de esta exposición larguísima y me temo que fatigosa, que he considerado indispensable para esclarecer un poco nuestro tema principal, voy a concluir, proponiendo la siguiente resolución:
1. Una subida general de los tipos de salarios acarrearía una baja de la cuota general de ganancia, pero no afectaría, en términos generales, a los precios de las mercancías.
2. La tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el promedio standard del salario, sino a reducirlo.
3. Las tradeuniones trabajan bien como centros de resistencia contra las usurpaciones del capital. Fracasan, en algunos casos, por usar poco inteligentemente su fuerza. Pero, en general, fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en vez de esforzarse, al mismo tiempo, por cambiarlo, en vez de emplear sus fuerzas organizadas como palanca para la emancipación final de la clase obrera; es decir, para la abolición definitiva del sistema del trabajo asalariado.
lunes, 17 de junio de 2013
Declaración Política del II Campamento Nacional de la Juventud Antifascista y Antiimperialista
Declaración Política del II Campamento Nacional de la Juventud Antifascista y Antiimperialista
PUBLICADO POR JOVEN GUARDIA ON LUNES, 17 DE JUNIO DE 2013
Declaración Política del II Campamento Nacional Antifascista y Antiimperialista
En estos momentos donde la Crisis general del capitalismo sigue generando estragos contra la las amplias masas populares y la lucha de clases se expresa en las calles de los cinco continentes, a 42 años del llamado “halconazo” del 10 de junio del 1971, golpe fascista de la burguesía orquestado por el gobierno priista y a 7 años de que el pueblo Oaxaqueño hiciera morder el polvo a la policía Oaxaqueña, en la victoriosa batalla del 14 de Junio del 2006, hemos llevado adelante de maneras exitosa los trabajos del II Campamento Nacional Antifascista y Antiimperialista los días 14, 15 y 16 de Junio, en Oaxaca ciudad de la resistencia proletaria y popular. Espacio amplio de la juventud, donde se han desarrollado mesas de trabajo, talleres, eventos culturales y donde decimos que:
Los acontecimientos actuales nos muestran una serie de elementos objetivos que hoy la juventud debe analizar mediante el estudio y desarrollo teórico-práctico del marxismo-leninismo, pues es la ciencia no solo de la revolución, sino, de la naturaleza misma, pues en ella se sintetiza gran parte del conocimiento científico de la humanidad, contrapone el materialismo histórico y dialéctico al idealismo metafísico que enajena, asume dialécticamente la realidad como un todo, y no de manera aislada, es decir, el marxismo-leninismo es la concepción general del mundo, explica de manera científica la transformaciones materiales de la naturaleza y de la misma sociedad humana como expresión de la materia. Es así que el marxismo-leninismo tiene vigencia y es una ciencia viva que caracteriza el funcionamiento, la aparición y desarrollo del modo de explotación capitalista y al mismo tiempo contrapone la tesis de la dictadura del proletariado y el Socialismo a la dictadura de la burguesía.
El capitalismo, en su fase última, el imperialismo, arremete en contra de los pueblos del mundo, acentuando la crisis en la clase obrera, la juventud y las amplias masas populares, profundizando la lucha de clases. Hoy la agudización de la crisis cíclica parte inherente de sobre producción la mayor desde la segunda guerra mundial, obliga a la gran oligarquía financiera a adoptar los métodos más reaccionarios y descarados, con tendencias pro fascistas, para imponer sus políticas, asegurando la recuperación de los mercados internacionales, como ejemplo son: las invasiones militares a los países árabes, en particular por EE.UU. y la Unión Europea, la actual amenaza de guerra contra Corea del Norte e Irán, por otra parte la legalización de los métodos de sobre explotación en cada uno de los países al servicio del imperialismo con la reformas neoliberales, la instauración de dictaduras militares en los países de Medio Oriente y África del Norte principalmente.
En África, la juventud tuvo participación decisiva en el derrocamiento de las dictaduras de Ben Alí, en Túnez, y de Hosni Mubarak, en Egipto; en ambos países hubo grandes enfrentamientos con las fuerzas militares de esos regímenes fascistas.
En Europa, América latina y E.U., miles de jóvenes han ocupado plazas y realizado marchas contra el desempleo, los llamados planes de austeridad de los gobiernos y las medidas neoliberales y en este sentido también resalta la reciente e importante lucha del pueblo de Turquía que está en las calles, por la caída de Tayyip Erdogan, pueblo que acogerá el XXIV Campamento Internacional de la Juventud antifascista y Antiimperialista.
Todas esas movilizaciones y luchas refuerzan el enorme potencial de combate de la juventud y dejan clara la necesidad de los partidos y organizaciones que luchan y defienden la revolución proletaria dediquen gran parte de sus esfuerzos junto a los jóvenes, procurando dirigir su descontento en dirección de la revolución y el socialismo.
En México la pelea que la juventud ha venido dando en los últimos años, ha venido cobrando mayor importancia y trascendencia, en el último año resaltan las movilizaciones el proceso del #yo soy 132, la huelga de la UACM, la huelga de la UNICACH, la lucha de los CCH´s de la UNAM y la lucha de las normales rurales de Michoacán, Chiapas, Guerrero,y la movilización del 1D y el movimiento por la ampliación de la matricula.
En oposición al proceso de lucha de la juventud, la clase obrera y las masas populares están los rasgos que forman parte del proceso de Fascistizacion que caracterizamos y que son:
a) El cumplimiento de la Ley de la máxima ganancia mediante la intensificación y mayor explotación y opresión de la fuerza de trabajo, ejemplificada en el aumento de la jornada laboral (plusvalía absoluta) introducción de nuevas tecnologías en los procesos de producción y circulación de mercancías (plusvalía relativa) que hace crecer el desempleo (ejército industrial de reserva) que a nivel mundial alcanzara los 75 millones de jóvenes y la trasferencia de la naturaleza humana del proletariado al capital y a los capitalistas (proceso de depauperación y deshumanización de la clase de los proletarios); b) Antisindicalismo de clase expresado en la desaparición del Luz y Fuerza del centro y la reforma Laboral, combinado con el reforzamiento de los sindicatos corporativos y blancos; c) ideología patriotera, es decir, el desplegamiento de las banderas del nacionalismo reaccionario, con un discurso falso de mantener “la paz, la democracia y los derechos humanos” que se expresa en mayor medida en los argumentos del gobierno derechista para justificar la guerra al narcotráfico y el mantenimiento del ejército en las calles; d) un furibundo y soterrado anticomunismo no solo por parte de la derecha y la socialdemocracia sino incluso entre algunas corrientes de la mediana y pequeña burguesía; tal y como lo vienen expresando en los medios de comunicación a partir de la batalla del 1 de Diciembre con sus ataques contra la UJRM, el FPR, el PCM m-l y muchas más organizaciones sociales e) represión generalizada contra la movilización popular como la dada en contra los estudiantes de la normal de Ayotzinapa Guerrero, la Universidad Nicolaita de Michoacán, en la Batalla del 1 DMX, contra la CNTE en diferentes momentos, contra el FPR el 1 de Mayo, entre otras medidas a nivel nacional donde se muestra el ataque a las libertades democrático-burguesas, desaparición forzada y presos políticos, para-militarismo, militarización de la policía y el despliegue de todo el aparato militar, policiaco y de seguridad nacional con el pretexto del combate al narcotráfico y la delincuencia organizada; y, f) sometimiento al imperialismo sobre todo Yanqui.
Ante este proceso de fascistizacion se hace más necesaria la construcción del Frente Único, por lo que las tareas para este periodo son claras, proyectar el VIII Encuentro Nacional del Congreso Social Hacia un Nuevo Constituyente, de los días 20 y 21 de Julio en el Distrito Federal, Contribuir y desarrollar las tareas, del Tercer Encuentro Metropolitano de Asambleas Populares del 23 de junio, consolidar el trabajo del sector estudiantil proyectando el Encuentro Nacional Estudiantil y la construcción de la Organización Nacional Estudiantil, que pasa por la realización del Cuarto Encuentro Metropolitano Estudiantil que se llevará a cabo el 9 de Julio en la UAM Iztapalapa.
Estos eventos del Frente Único deberán encaminarse a elevar el nivel de organización y lucha de las masas, para golpear con un solo puño al fascista de Peña Nieto y su régimen neoliberal, este 1 de Septiembre y 1 de Diciembre, como parte de la ruta de la lucha de clases por la revolución proletaria.
¡Que la crisis la pague la burguesía y no la juventud y los pueblos! ¡México no tiene presidente! II Campamento Nacional de la Juventud Antifascista y Antiimperialista, Unión de la juventud Revolucionaria de México, Comité Ejecutivo estudiantil de la Universidad Autónoma Chapingo, Consejo General de Huelga de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Frente Rojo, Frente 132 del Valle de Toluca, Unión Revolucionaria de Trabajadores del Arte (URTARTE), Acampada Revolución 132, Joven Guardia revolucionaria FEDROC